Son tan viejos que ya hemos perdido las composturas. Tenemos libertad . El conocimiento mutuo es profundo y algunos formalismos estéticos se han traspasado ,ya ,hace mucho tiempo. Podemos presentarnos a la cita con nuestras prendas más usadas y cómodas, casi , te diría , en pijama. De la misma forma que nos preparamos para otras cenas –de otros- de una forma especial y detallista (cada uno en su medida) paras las de los viejos amigos, la ausencia de la etiqueta es una de sus características. Conocen nuestras ojeras y nosotros , las suyas.
Nuestras conversaciones girarán en torno a lo último acontecido y a los planes futuros y aunque seamos muy diferentes , con objetivos igualmente diversos y formas distintas de afrontar la vida, acabamos formando un puzzle : piezas que encajan perfectamente y que juntas , nos proporcionan una imagen general. ¿Un paisaje?
Nuestros viejos amigos, definen nuestro paisaje. Están en los inviernos y en los veranos, cuando nos brotan flores del corazón y, también, cuando se marchitan. Y como juntos, diferentes y revueltos, vamos cambiando de estaciones es imposible que no escribamos una historia interrelacionada . Los unos con los otros. Los otros con los unos. Se pasarán épocas de todo : de euforia al encontrarse, de cansancio de verse,… Se van pasando esos estados humanos –normales-que van profundizando eso del quererse .
Por eso, cuando disfrutas de una de esas cenas relajadas, en las que no hace falta ponerse máscaras, te das cuenta que, en realidad, lo que estas haciendo es ampliar tu familia . La otra, esa que no ha sido impuesta y has elegido tú. Los humanos elegimos relacionarnos y tejer tapices afectivos : no queremos estar solos aunque nos guste la soledad …. Que los amigos se vayan haciendo “viejos” es uno de los pocos aspectos positivos que tiene el paso del tiempo. Iremos avanzando y aparecerán nuevos amigos pero los viejos, de alguna manera, siempre estarán ahí. Completando el puzzle.
Durante la cena , se procedió a una revisión de fotos antológicas (esas miles de bolsitas del Fotoprix que tienes en varias cajas! , y que siempre quieres ordenar . Una tarea “pendiente” eterna y universal-nos pasa a casi todos.) y lo ví claro: son el puzzle. Cada foto es una pieza de una situación compartida en la que la amistad se ha ido haciendo vieja, como los vinos de reserva….
Si abrimos esos armarios o cajones, donde almacenamos tantas fotos de tantos momentos y nos dedicamos a clasificar, enseguida detectaremos a los viejos amigos. Y te aseguro que si de verdad lo son, no es importante si cenaron ayer contigo o hace más de un mes que no se comunican… Están ahí y si no estuvieran ,habría un vacío que llenar y eso, es prueba irrefutable de que ocupaban un lugar.
Así que , una vez que uno se congratula y se relame de placer por qué tiene viejos amigos, lo siguiente que hay que hacer es comprar un álbum de fotos nuevo. Preparar un espacio de tiempo para hacer eso que nunca tenemos tiempo de hacer : revisar las fotos (seguro que te regalan más de una sonrisa!). Seleccionar las más emblemáticas y colocarlas . Según tus ganas y disponibilidad, completarás el archivo con fechas y comentarios (de los que sólo entienden los que salen en las imágenes). Cuando lo acabes (aunque pasen 2 ó 3 años, siglos?)te darás cuenta que , en realidad, nunca se acabará. Quedarán páginas en blanco que debes rellenar con otras fotos. Esas que aún no se han hecho … pero se harán.
Esa es la gracia.
Sonando : Joy Song (Soul II Soul)
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