Comida copiosa, regada con un buen caldo de la tierra…
Sensación de hartazgo y somnolencia…
De repente, esa tumbona gritándome : Ven a mí…
Y yo,- que siempre hago caso a las órdenes de mi tumbona- voy para allá y me dejo caer en ella. Ni tan siquiera hay un intento de lectura aunque me acompañe un libro que se queda , escondido, debajo de las patas de teka.
Oigo los pajaritos y los zumbidos de los insectos de la primavera que primero me molestan pero después, de una forma natural, se integran en mi paisaje de siesta . El sol, que más que de principios de mayo parece casi de verano, me conforta y equilibra mi temperatura corporal.
No me muevo.
Siento que se me van cerrando los ojos y la conciencia… Me voy apagando, poco a poco, hasta quedar totalmente desconectada del mundo de los seres despiertos.
Ese trance es un placer…..
Me despierto después de una hora de posición estática en la tumbona y un interesante concierto de ronquiditos siesteros (me lo han asegurado los que me oyeron…).
Tengo sed y me cuesta levantarme del aposento. Mi siesta al aire libre, se ha prolongado un poco más de lo que es “saludablemente” correcto pero yo me siento relajada y un poco derretida. Como la mantequilla.
La tumbona me reclama pero sé que si vuelvo a caer, el día desparecerá en ese mismo instante.
¡Qué siesta! Por que hay siestas y siestas aunque, generalmente, todas son buenas: Las tontas de por la mañana , después de haber tomado el cappuccino y el almuerzo ;las serias de después de comer (con incidencia directa del tipo de comida : frugal, equilibrada, banquete, orgía gastronómica); las de media tarde cuando es una hora mala por que ni meriendas ni cenas; las de después del buen sexo; las que se hacen aprovechando que el bebé duerme; las que se producen por puro cansancio,;las que te prohíben por el jet lag pero tú haces caso omiso, … todas las siestas…Incluso las que no se producen y se quedan en intentos.
La mía de este fin de semana, fue memorable.
De las de no olvidar fácilmente y, casi seguro, difícil de repetir.
Habrá otras siestas pero… de momento, me quedo con ésta.
Sonando : Tres notas para decir te quiero , Vicente Amigó
Cuadro : The Siesta (1878). Frederick Arthur Bridgman

que barbaridad !!!
por poco me duermo y son las 11:30 de un Martes en el que he hecho un break en los dos mil temas urgentes que tengo para resolver y leer tu blog.
Para mi es como el Kit Kat del anuncio; reparador. Pero hoy me ha dado una somnolencia ese locus amoenus que describes que me voy a tomar un café.
vivan las siestas!!!
Publicado por: flyer | martes 10 de mayo de 2005 en 11:25