Casi parece una paradoja que me refiera a la lluvia en estos tiempos de sequía pertinaz (siempre me ha gustado esta palabreja, pero nunca la he podido utilizar...)... pero el sábado por la noche, viví una de esas tormentas de verano , perfectas tanto en intensidad como en duración. Tras un breve concierto de “rayos y centellas” y truenos barítonos, empezó a dejarse ver ese tipo de cortina de agua contínua que va dejando a su paso, una melodía y un aroma especial.
Las gotas de agua se estrellaban contra el suelo, en la hierba, en los alféizares de las ventanas , fabricando una serie de sonidos relajantes que te hacen desear un sofá o una cama.... Recuerdo , hace ya muchos años, el tintineo de la lluvia en las barandas de la casa familiar. Si era festivo , te arrebujabas contras las sábanas oyendo aquel divino “tin,tin,tin”... Al rato, se esparcía el aroma del café recién hecho ...Una delicia.
Este sábado me pilló en un sofá ,delante de un gran ventanal, desde donde vi llover como si fuera uno de los espectáculos más maravillosos del mundo. Las ventanas estaban abiertas, por lo que a los pocos minutos, también olía a lluvia y a tierra mojada.
La tormenta fue breve y mi entretenimiento acabó. Debería haber durado más.
Por todo.
Ya no sólo por la belleza de ese second sino por que necesitamos agua (sequía pertinaz!!!).
Pero fue breve.
Preciosa pero fugaz ...Acabó y dejó a su paso una sensación de frescor y de olores preciosos; de purificación y relax...
Me acomodé en el sofá y me preparé un cappuccino . Unas gotas caían a un charco desde la canalera. Tin, tin, tin....
Fue el momento perfecto para una sesión non-stop de “Sex in the City”.
Tin, tin, tin....

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