La lectura de "La Conspiración "(Dan Brown) , es tan reciente que ha dejado huellas en mi forma de proceder diariamente. Me impactó la sutileza de las estrategias que se plantean y me ha provocado una necesidad de crear las mias propias. A alto nivel.
Pero ayer, descendí a los infiernos de este calor pegajoso que envuelve Barcelona y me puse como objetivo el arreglo, cuidado y mantenimiento de la zona exterior de mi casa. Si bien el verano y su "agradable" temperatura parecen favorecer la vida de terraza, la realidad es que la mayoría de humanos (todos ellos bajo la amenaza de convertirse en charquitos de agua) buscan , desesperadamente, las zonas equipadas con aire acondicionado....
Y yo, soy de ese tipo. Pero tengo una cierta vena romántica que me traicionó. Eso y "la estrategia" fueron elementos claves para que me enfundará el atuendo adecuado y me arriesgara a la aventura : Ponle aceite de teca a la mesa y sillas, saca hojas muertas, tira trastos, cambia bombillas...
Me imaginé que era una misión (en realidad lo era porque quería preparar una cena de terraza esa misma moche...)y elaboré mi plan. Todos los pasos. Y fui acometiendo todos y cada uno de ellos, casi visualizándome en plan peli de acción.
Durante tres horas, sudé la gota -perdón, los millones de gotas-gorda pero conseguí mi objetivo. Al acabar, ya casi no había luz natural. Encendí todas las lucecitas blancas que había colocado estratégicamente y me senté en la silla (recién barnizada, toda ella brillante y pulida), admirando mi obra . Había una suave brisa (muy caliente pero aire al fin) que movía los móviles que voy coleccionando. Oía el leve tintineo mientras me fumaba un cigarro y bebía un gran vaso de Vichy Catalán con una cantidad de hielo indecente.
Fue un buen happy second : satisfacción y belleza visual. La sensación de que la Misión se había desarrollado con éxito...
Cenamos en la terraza.
A la luz de las chispeantes lucecillas blancas (son las de Navidad. ¡Qué ironia estacional!).
Con el último café y las despedidas, pasamos por una de las habitaciones donde el aire acondicionado templa esos calores tremendos ... Y pensé : ¡Qué bien hubiesemos estado aquí!. Por la mirada de mis invitados, diría que también lo tuvieron en mente . Aunque solo fuera durante unos escasos segundos -aquellos en los que el aire frio nos refrescó la cara y el cuerpo-seguro que desearon estar ahí: conservados y sin peligro de caducidad.
Pero, que quieres que te diga, la terraza se lo merecía. Estaba guapa y radiante y quería lucirse. Y, yo, su estilista en ciernes,no la podía defraudar...
Sonando : Brisa (La musicalité)

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