Como estaba previsto, esta mañana he estado en la expedición "Mercadilleando" . La foto que acompaña este texto refleja el inicio de la aventura. Nada más llegar al mercadillo, mis acompañantes (capitaneadas por mi madre que, milagrosamente, ha recuperado su capacidad para "la compra") y yo -que ya llevo unos años en esto y soy "máster"-digna hija de su madre), nos hemos cruzado los bolsos y nos hemos introducido en esa avalancha de humanos que inundaban las calles. Ya en el primer tramo de ese, magnífico y e-n-o-r-m-e espacio de venta ambulante, hemos realizado la primera parada técnica (parada de ropa a montón de "etiqueta cortada" ). Hemos desembolsado los primeros euros y hemos seguido la ruta marcada, ya satisfechas por la sagacidad y chollo de las compras efectuadas (falda azul turquesa, jersey de algodón peinado Thimberland!). Tras media hora de avanzadilla , en un tramo muy caluroso de la mañana, hemos llegado a unos de los extremos del mercado. Ante mi, se extendían más y más metros cuadrados de sol y paradas . Era el otro extremo. Y había que recorrerlo. Entero. A esas alturas, ya llevábamos las bolsas repletas de bagatelas (una chilaba para ir a la playa, un tanga negro, una colonia en versión "tester"y unas sandalias rojas ...)y el objetivo era seguir caminando, sorteando obstáculos (guiris y novatos) para llegar a : 1) la zona de las plantas y 2) la parada de las faldas-acampanadas-que-todo-el-mundo-lleva para cambiar una que el "equipo A" había adquirido la semana anterior.
A las dos horas y media de mi llegada al mercadillo, subía por la calle de regreso, cargada con las compras y un par de azaleas preciosas (dos 5€). Yo creía que habíamos acabado y rezaba para llegar al coche y tirar ( literalmente) todas aquellas cosas de colores imposibles, tallas imperfectas y etiquetas cortadas. Pero no. Cuando por fin he llegado al punto de inicio de la expedición, una de las aventureras se ha dado cuenta que se había dejado un par de geranios y una maceta de albahaca en la parada de las plantas. Así que, hemos vuelto a bajar ( en el mercadillo nada se hace individualmente) a buscar los artículos olvidados.
Cuando por fin he llegado al coche me temblaban las piernas. Deberé seguir un curso de entrenamiento físico antes de afrontar otra sesión , por que , desde luego, habrá otra ocasión. Otro miércoles de mercadillo.
Y volveré a presentarme allí con la firme decisión de no comprar nada que no sea necesario o...muy bonito. Intentaré no mirar las prendas que solo sirven para "ir a la playa" aunque cuesten 2€.Y , como otras tantas veces en mi vida, el mercadillo me vencerá . LLegaré a mi casa y me quedaré mirando esa falda azul turquesa (creo que la podré teñir de negro) que es posible que no me ponga nunca. Pero... por 3 euros, ¿qué quieres, bonita?.
Me encanta el mercadillo.
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